Desde las primeras expediciones que recordaba hasta esta que ahora nos ocupa, las cosas han cambiado mucho: no tanto en las comunicaciones terrestres o aéreas con esta zona del norte de Pakistán, cuanto en los plazos para obtener los correspondientes permisos, la profesionalidad de las agencias (que hace 30 años no existían) la cualificación de sus trabajadores (porteadores, sirdars, cocineros…), la agilidad de la administración pakistaní y el panorama de comunicaciones abierto por las nuevas tecnologías. Pero el más importante de estos cambios lo constituye la disponibilidad de predicciones meteorológicas precisas. No tanto por lo que ayudan a planificar los intentos de cumbre como –sobre todo- porque suponen una especie de ángel de la guarda para las expediciones. Una magnífica herramienta de seguridad para los alpinistas.

Esto es lo que tenemos gracias al espléndido trabajo de José Miguel Viñas, responsable de  la página web divulgameteo y colaborador habitual del programa de Radio Nacional de España “No es un día cualquiera” de Pepa Fernández.

Gracias a sus informes, que se están cumpliendo milimétricamente, sabíamos que debíamos estar de regreso en el Campo Base, el pasado 2 por la noche. Y que debíamos dejar las tiendas del campo I bien recogidas, ya que, en sus propias palabras, “iba a entrar un temporal de nieve y viento desde el domingo por la mañana hasta el miércoles por la tarde”.

Dos días hubiese sido un descanso merecido y suficiente, perfectamente ajustado a los plazos de aclimatación para la cota de seis mil metros de la cima del Laila Peak. Pero, la naturaleza manda, así que van a ser más días. Necesitaremos nuevos partes antes del miércoles, para asegurarnos de su fiabilidad; pero si a partir del jueves o viernes tuviéramos un período de cuatro días, sería suficiente para, contando también con las condiciones en que se encuentre el Laila, y con nuestro buen -o mal- hacer, poder alcanzar –o no- la cima de esta montaña que no sólo es bellísima en sus formas, sino también en su recorrido interior.

La última actividad, que nos ha llevado dos días, ha consistido en instalar el Campo I a 5200 metros. Tras pasar allí una gélida noche, porteamos tras un delicado flanqueo tiendas, gas y material de escalada hasta un collado situado a 5500 metros. Desde nuestra llegada al pie del Laila Peak y nuestro primer porteo hasta el Campo I, sentimos ya los efectos de la aclimatación y una notable mejoría mejoría en la forma física por los días continuos de actividad.

Por lo demás, la vida de la expedición discurre con bastantes dosis de alegría, a pesar de que nuestro Alexander lleva unos días casi abandonado a la reflexión y al trabajo intelectual (está leyendo a Shackleton). También es cierto que, desde los alrededores a los que nos hemos asomado estos días, no se vislumbra ningún promontorio desde el que tirarse. Estos días son  rutinarios, pasan más rápido de lo que pudiera parecer y, a partir del segundo, todo el mundo desea que se acaben. Pero no son inactivos; menos aún desde que existen los ordenadores, los teléfonos satélite y los grupos electrógenos. También existe ropa que lavar y secar (¡a 4 bajo cero como temperatura máxima!)

Sólo nos falla una cosa para la expedición perfecta: solemos decir que la expedición o las vacaciones perfectas son aquellas en las que se pasa un poco de frío, un poco de miedo y un poco de hambre. Hasta la fecha, lo del hambre no lo hemos conseguido por el excepcional equipo de cocina que nos acompaña.

Juanjo SanSebastián.